Este texto pretende ser una reflexión de los conceptos que nos presenta Nogué con respecto al paisaje y la relación con mi cuerpo.
A menudo anulamos o más bien nuestro cerebro anula estímulos que no son vitales, para concentrarse en aquellos que merecen más atención por ser más relevantes en cuestiones de sobrevivencia.
El sonido de la respiración, es resultado de dos de los procesos más importantes que realiza nuestro cuerpo, la inspiración y la espiración. Durante la inspiración, el diafragma se contrae y baja, mientras que los músculos entre las costillas se contraen y suben, esto aumenta el tamaño de la caja torácica y reduce la presión interna, como resultado de esto, el aire se precipita hacia adentro y llena los pulmones.
Durante la espiración, el diafragma se relaja y el volumen de la caja torácica disminuye, a la vez que la presión dentro de esta aumenta. En consecuencia, los pulmones se contraen y el aire es expulsado hacia afuera. Durante las dos etapas de la respiración hay sonido, del aire recorriendo las diferentes partes del cuerpo, sin embargo, en nuestra sociedad, se considera de mal gusto o mala educación que otros escuchen tu respiración, se pretende su nulidad, que nadie lo escuche, ni siquiera tú. Cuando estamos agitados es casi imposible controlar el sonido, pero en calma tenemos que concentrarnos para poder escucharlo, es tan leve a veces que es placentero sentir como se llenan los pulmones, casi como si se sintiera fresco allí dentro y luego, después de un rato, sentir el aire caliente que sale por la nariz y tu pecho y abdomen se sienten pequeños, más planos.
Allí está lo invisible, aun cuando no vemos el aire que entra o sale de nuestro cuerpo, este último si presenta cambios en el proceso, los músculos de la parte media del cuerpo se mueven, se estiran y se contraen pero todo aquello lo invisibilizamos en la cotidianidad, naturalizamos los procesos y aquello tan exquisito no nos entusiasma.
Un respiro puede ser tan largo y tan profundo, como hayamos acostumbrado nuestro cuerpo a respirar, y sin embargo, tan pronto como exhalamos inicia el tiempo para otra nueva respiración, aunque es constante, la respiración es efímera el tiempo se fuga a la vez que lo hace el aire de nuestros pulmones, acontece en un relativo corto tiempo y sin embargo es suficiente.
La respiración no solo acontece y afecta los órganos que hacen parte del sistema respiratorio, influye incluso en el estado de ánimo, en la actitud como percibimos el mundo, y este percibir va más allá de lo que vemos, cuando nos concentramos en la respiración, es probable que cerremos los ojos, y entonces se agudizan los otros sentidos, percibimos más los estímulos exteriores a nuestro cuerpo, pero también aquellos internos que están ocurriendo, cómo se están estirando los músculos de otras partes del cuerpo, la temperatura del aire y de nuestro cuerpo, la circulación, el proceso digestivo, cómo cambiamos de posición, cómo sudamos, cómo olemos mientras respiramos.
La contemplación del paisaje sonoro de nuestro cuerpo no tiene cita en el día a día y es quizá una de las invitaciones que nos hace Nogué, a contemplar aquellos paisajes que pasan desapercibidos pero son tan fértiles como aquellos que si contemplamos. Es una invitación a recorrer y reconocer nuestro cuerpo como un paisaje capaz de ser explorado con todos los sentidos, que es nuestro y siempre está allí.
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